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viernes, 13 de diciembre de 2013

LA CRÍSIS Y SUS CONSECUENCIAS

¿Quién no ha oído, leído o dicho la palabra CRÍSIS en la última media hora? Si hay alguna persona afortunada en la sala, le comunico que no es de este planeta... feliz regreso a Marte.
Por si alguien no se había enterado, estamos inmersos en una gran crisis financiera mundial. Es decir, una crisis de mercados donde las personas parece que no pintamos mucho... o esa es la sensación que invade a la gran mayoría de la población.
En el caso de España, esta crisis nos está dejando tasas desorbitadas de paro (sobre todo paro juvenil), miles de familias que viven por debajo del umbral de la pobreza, miles de familias
 que han sido desahuciadas por no poder pagar las letras de sus pisos, recortes brutales en sanidad y educación (por enumerar sólo las dos áreas más relevantes), en definitiva, la destrucción del Estado de Bienestar.

Esta pérdida del nivel adquisitivo, ese trabajo que pende de un hilo, esa sensación de desamparo en todos los ámbitos traen consigo, a su vez, importantes y duras consecuencias psicológicas.
El bombardeo constante del mensaje "ESTAMOS EN UNA TERRORÍFICA CRÍSIS, TODO VA FATAL, TODO VA A PEOR, TOD@S ACABAREMOS EN LA CALLE" nos envuelve en un irrespirable halo de negativismo, miedo e indefensión que nos hunde psicológicamente a todas y cada una de nosotras, personas. Si, además, vivimos muy de cerca la desgracia, el impacto es aún mayor.

Esta situación tan negativa acarrea una profunda inestabilidad emocional. A nivel psicológico, el hecho de no tener trabajo o de ver que la vida es cada vez más cara y los ingresos cada vez más escasos hace que tengamos una sensación constante de estar "pendiendo de un hilo". No poder planear un mañana por ver un futuro incierto, supone vivir con miedo e inestabilidad.
Como consecuencia, también, de una situación de injusticia y desamparo, el pensamiento sociopolítico se radicaliza. Cuando las cosas nos van bien y vivimos con cierta seguridad, podemos "permitirnos el lujo" de ser más beligerantes con determinadas acciones no del todo lícitas, no nos importa que venga gente de fuera de nuestras fronteras a buscarse la vida, no nos fijamos tanto en las necesidades de los demás (esas necesidades las vemos muy lejanas) y dejamos que la clase política haga y deshaga a su antojo, siempre que continuemos en nuestra burbuja de seguridad. Pero cuando la burbuja estalla... ¡BUM! Nos cuesta mirar más allá de nuestro ombligo, atendemos sólo a nuestras necesidades, miramos por nuestro futuro importándonos menos el de los demás, defendemos unas posturas con más contundencia y vamos en contra de otras con el mismo empeño... Esto sucede en líneas generales, claro, no siempre será así. Luego comento algunas excepciones...
La ciudadanía se resigna, se instaura en todas las personas una indefensión aprendida: se cree que esta situación es lo que hay, que hay que aceptarla porque nada podemos hacer para cambiarla. El pueblo se rinde...
Y como consecuencia de las consecuencias psicológicas (¡parece un trabalenguas! pero también podríamos hablar de las consecuencias de las consecuencias de las consecuencias psicológicas... pero no lo haré, hoy no), nos encontramos con una disminución del rendimiento escolar, aumento de la delincuencia juvenil, aumento de adicciones y malos hábitos, disminución de las capacidades cognitivas como consecuencia de la desmotivación y el miedo, y un larguísimo etcétera.
La pérdida de dinero, como tal, no siempre es el problema central. Hay muchas situaciones en las que, efectivamente, esa disminución de poder adquisitivo marca la diferencia entre comer y no, tener luz y no, tener casa y no, comprar los libros a los hijos o no,... Pero el problema puede ser algo más complejo. A nivel psicológico, el dinero es control, es seguridad, es dominio. Su escasez o ausencia puede suponer un sentimiento de estar perdida y a la deriva.
Algo similar pasa con el empleo. Además de suponer una fuente de ingresos, tener un trabajo supone tener una responsabilidad, una red social (real, no virtual) a parte de la familia, tener una estructuración del tiempo, compartir experiencias,... En definitiva, control, seguridad y autoestima. Por destacar alguna consecuencia psicológica del desempleo: estados depresivos, déficit cognitivo, irritabilidad, miedo,...

¿Alguien reconoce estos estados y sentimientos?

Pero, ¿sabéis qué? Lo que no te mata te hace más fuerte. Cuando se viven situaciones difíciles y tienes que luchar más que antes para salir adelante, si se conserva alguna fuerza oculta y se elige "hacer algo" para salir del hoyo, se despierta, se agudiza el ingenio, se pueden aumentar las aptitudes con las correctas actitudes... ¡Se puede hacer algo! Y eso nos mantiene vivos.

Con tanta mala noticia, tanta desolación y tanta necesidad, veo dos luces importantes en este tormentoso camino, importantes también en una vida en sociedad: la solidaridad de la gente, que si no fuese por los ciudadanos de a pie, familias enteras estaría pasándolo todavía peor... La gente acude con lo poco o mucho que tiene para ayudar a los demás, y eso es emocionante y grande (aunque no olvidemos que el bienestar de las personas es responsabilidad del Estado, por lo menos en España... ¡o sea que ya están tomando nota los dirigentes!). Y la movilización ciudadana, el despertar de la gente... ¡por fin! Hemos entendido, ¡por fin!, que los ciudadanos somos fuerzas vivas y decisivas en la marcha de un país. Reivindicar derechos o cambios es una poderosa forma de "hacer algo" y un claro ejemplo de que nuestro destino está en nuestras manos.

De tantas consecuencias con las que nos "deleita" la crisis, quedémonos con las menos malas. Algo sacaremos... algo podremos hacer.
¡¡¡SEGURO!!!