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viernes, 31 de enero de 2014

LA CRISIS DE ANSIEDAD: LA OTRA CRISIS

Miedo intenso repentino, sensación de ahogo, opresión en el pecho, mareo, elevación de la frecuencia cardíaca, sensación de irrealidad o despersonalización, miedo a volverse loc@, miedo a morir, sofoco, sensación de entumecimiento,... Si padeces, al menos, 4 de estos síntomas, estás sufriendo un ataque de ansiedad.
Un ataque de ansiedad suele aparecer de manera repentina, aumentando la intensidad de los síntomas en los 10 minutos posteriores. Su duración suele oscilar entre los 5 y los 30 minutos. 
Las causas más habituales que desencadenan una crisis de ansiedad suelen ser: estrés, época de elevado nerviosismo o el hecho de enfrentarse a una situación temida (en este último grupo encontraríamos las fobias).
Quien ha padecido en alguna ocasión un ataque de ansiedad, destaca la sensación de pérdida de control y el miedo a volverse loc@ y sufrir un ataque al corazón.
Una dificultad añadida al hecho mismo de estar sufriendo un ataque de ansiedad, es la casi incapacidad que se siente para manejar la situación. La sintomatología aparece y aumenta en intensidad en cuestión de pocos minutos y sin avisar. Son unos síntomas que bien se podrían relacionar con otras dolencias o enfermedades físicas... lo que no ayuda nada a la hora de frenar o suavizar la situación. Cuando aparecen síntomas como el miedo, aceleración del ritmo cardíaco y el mareo, por ejemplo, éstos desencadenan a su vez a una serie de pensamientos y sensaciones fisiológicas que retroalimentan la sintomatología, lo que hace que se entre en un círculo complicado y prácticamente incontrolable. 
La sintomatología de una crisis de ansiedad, como ya he dicho, se suele relacionar con otras dolencias como pueden ser las de tipo cardíaco. Al miedo propio del ataque de ansiedad, se suma el miedo a estar sufriendo un ataque al corazón. Por si puede servir de ayuda, es muy poco probable que una ataque de ansiedad desencadene un ataque al corazón, si no existe una dolencia cardíaca previa, claro. Esta escasa o casi nula relación entre un ataque y otro se explica por un"sabio" mecanismo del cuerpo. Explicado así, grosso modo: existe una ley de equilibrio, homeostasis, que rige nuestro organismo (y casi todo en el Universo). Es decir, que si se disparan ciertos parámetros de nuestro cuerpo, como pueden ser la frecuencia cardíaca, el estado de alerta, la tensión muscular, etc... , hay una respuesta posterior antagonista que "compensaría" los excesos de la primera. Después de la tormenta llega la calma... También, después de una crisis de ansiedad.
Pero hay ciertos "trucos" que pueden ayudarnos a sobrellevar una crisis de ansiedad o a evitar que se agrave. Reconocer situaciones temidas que puedan desencadenar miedo y ansiedad, escuchar nuestro cuerpo, interpretar las sensaciones previas a la sintomatología más dura propia del episodio, tener preparados unas serie de pensamientos positivos alternativos a los pensamientos negativos y tremendistas que subyacen a la crisis de ansiedad, aplicar técnicas de relajación, conocer bien la posible sintomatología para que no nos pille tan de sorpresa,... Si llevamos a cabo estas recomendaciones, no se evitará la crisis de ansiedad, pero sí que ayudará a que sea menos intensa y dure menos.
En cualquier caso, si las crisis se repiten o interfieren de manera importante en la vida, lo mejor es acudir a un médico para descartar motivos físicos y a un/a psicólog@ para solucionar el problema y adquirir herramientas para afrontar las diferentes situaciones.

Relativizar y ser positiva es algo que se puede aprender y que hay que trabajar...¡¡¡ INTENTARLO MERECE LA PENA!!!