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jueves, 30 de mayo de 2013

LOS ENFERMOS PASAJEROS

¿Realmente vivimos en una sociedad tan enferma o nos pasamos con las etiquetas?
Nos desborda tanta etiqueta, tanta patología y tanta pastillita milagrosa. Puede parecer que estoy mezclando la velocidad con el tocino al meter las pastillas en mi discurso, cuando parece que estoy hablando de algo que no tiene mucho que ver, pero veréis que no: si existe un malestar psicológico (por ejemplo, cierta apatía por falta de ocupaciones, como puede ser el caso de muchas personas que se encuentran en situación de desempleo), se cataloga ese malestar  poniéndole
una etiqueta "importante" (en nuestro ejemplo, depresión), se prescribe la pastillita de turno que, no te encuentra trabajo ni ocupaciones, pero que serenidad y qué visión tan distinta de la vida te da... y solucionado.¿O NO?
Está claro que hay muchos intereses, sobre todo económicos y de poder, en que haya una sociedad enferma, gente que crea que tiene problemas graves contra los que, sólo con su voluntad, no puede hacer nada y que gaste su dinero en medicamentos. Pero, ¿qué interés puede tener una persona en "tener una enfermedad"?
El hecho de estar enfermo, a parte de malestar y los posibles problemas que acarrea, tiene sus beneficios: atenciones y sentimiento de lástima por parte de los demás, autocompasión y excusa perfecta para eludir responsabilidades,... En definitiva, como decía cuando era pequeña: eres burrito blanco. Encima, cuando uno está "enfermo", poca voluntad y poco esfuerzo tiene que poner de su parte: medicación y funcionando. Solución rápida, fácil y que no supone mucho en el día a día de la persona.
¿SOLUCIONADO? Nada más lejos de la realidad.
Por supuesto que existen patologías psicológicas que requieren de medicación, pero siempre acompañada por un trabajo personal que requiere constancia y esfuerzo. La consecuencia más negativa que se desencadena de la espiral patología-pastilla es el aprendizaje de que "las soluciones son fáciles, rápidas y no requieren esfuerzo". Aprendizaje que se hace extensible al resto de ámbitos de la vida. Si nuestro bienestar no nos supone trabajo, tampoco nos supondrá trabajo encontrar una ocupación, gente que quiera hacer lo que yo quiera cuando yo quiera, conseguir el último móvil, irme de viaje donde y cuando quiera, etc, etc, etc... Pero como la vida no funciona así ni es tan sencilla como tomarse una pastillita, pues llega la frustración. Y para eso, no hay pastilla que valga.
Como solía decir una presentadora de televisión: "Vaya acabando, amiga". Pues eso, para concluir y haciendo un poco de recogedor, recalcar la idea de que no estamos tan enfermos. Tenemos nuestros problemas y preocupaciones, que duda cabe, pero que no son una enfermedad para la que haya una pastilla y se cure. La solución y el sentirse bien pasa por el EMPODERAMIENTO de uno mismo, la tenacidad y el esfuerzo. Y si no se sabe muy bien como hacerlo, acudir a un/a psicólog@ para que nos enseñe el camino. Sin formulitas mágicas.
Ya iremos viendo en próximos posts que este tema del que hoy hablo de forma muy general está en la base de muchos problemas concretos.

Cuestionémonos todo lo que dicen que somos o, realmente, nos volverán locos.